EL CUERPO SIN ÓRGANOS
«El hombre está enfermo porque está mal construido. /Hay que decidirse a desnudarlo para escarbarle ese animálculo que le pica mortalmente, /dios /y con dios /sus órganos. /Pues áteme si así lo quiere /pero no existe nada más inútil que un órgano. /Cuando le haya dado un cuerpo sin órganos, /entonces lo habrá liberado de todos sus automatismos y devuelto a su verdadera libertad. »
Antonin Artaud, Nouveaux écrits de Rodez, Paris, Gallimard 1977, pp. 99-100).
El trabajo de Miguel Dávila (1997, Estado de México) explora el poder liberador del anonimato que surge del singular estado psicológico del cuestionamiento sobre la identidad personal, la memoria y su papel en la estructura del proceso creativo.
Dávila representa icónicamente — el cuerpo sin órganos, como un objeto mutilado que regresa a la animalidad, que se enfrenta a sí mismo en los estereotipados discursos de la masculinidad y la construcción cultural de los géneros, que, obsesionado por su proximidad a la muerte y su semejanza al cadáver llega a disolverse hasta desaparecer.
Dávila recurre a referencias y escenas importantes de diversos periodos de la historia del arte, pero siempre con cierta distancia y desconfianza hacia las imágenes que obsesiva y minuciosamente selecciona; una desconfianza que lo impulsa a crear falsificaciones auténticas. Se reconoce en la estética de imágenes fotográficas, cinematográficas o digitales, caracterizada por una paleta apagada, a veces enfermiza, y una aplicación distintiva de la pintura apenas representada, reducida a una cabeza que se asemeja al David con Goliat de Caravaggio, los torsos colgantes de Francis Bacon esbozados toscamente sin ofrecer ninguna pista sobre su origen, o a las veladuras de los retratos del pintor belga Luc Tuymans.
Si bien, la composición, las dimensiones y la pose de las figuras aluden a las convenciones tradicionales de la pintura, los elementos esenciales permanecen ocultos.
«El cuerpo es el cuerpo, está solo /y no necesita órganos, /jamás el cuerpo es un organismo, /los organismos son los enemigos del cuerpo […]»
Antonin Artaud, Nouveaux écrits de Rodez, Paris, Gallimard 1977, p. 277).
La técnica de aplicación de capas finas o translúcidas de pintura— ha evolucionado desde la pintura renacentista hasta convertirse en una herramienta versátil en el arte contemporáneo, utilizada para explorar temas de luz, tiempo y complejos efectos ópticos. El enfoque que Dávila aplica a muchas de sus composiciones se caracteriza por un borrado literal de la imagen, y la eliminación de la identidad de lo retratado o representado dentro de los límites visuales de la pintura.
Trabaja con una aplicación de pintura delgada donde manipula la temperatura del color para crear un efecto de bajo contraste, que da a sus cuadros una apariencia desenfocada mediante la superposición de colores complementarios (sin usar negro), alternando entre tonos cálidos y fríos, lo que le permite esa sutil difuminación de tonos en lugar de veladuras opacas y densas.
El resultado — una desconexión extrema entre la imagen y su referente, entre la imagen y el espectador. Para Dávila, el hombre padece el desgarro de la carne y los múltiples simbolismos como último reducto del yo. La violencia se muestra así pues, como una imagen residual en términos de memoria y pérdida, pues todas las formas de violencia son resultado de una búsqueda de identidad. Esto nos recuerda a la fotógrafa estadounidense Francesca Woodman, quien, como resultado de su frágil identidad engullida por un mundo amenazador, termina siendo habitada por sus propios espacios en una perturbadora alteración de los límites tanto físicos como psicológicos, un temor al ego absorbido por un entorno ominoso y abandonado.
Esta exposición busca develar la propuesta estética de Miguel Dávila en la representación del cuerpo humano con sus repercusiones biográficas e identitarias. Una visión que nos adentra en el territorio de la decadencia y la alienación: el éxtasis, el deseo de la carne, los fluidos, el detritus, la mutilación y la muerte. La libertad a menudo requiere vulnerabilidad y aislamiento; un distanciamiento temporal con la identidad pues al ser extraños en tierra propia encontramos el espacio para redescubrir un poder individual y una renovada apreciación creativa.
Valerie Campos,
Ciudad de México, abril 2026
EL CUERPO SIN ÓRGANOS











































